jueves, 16 de octubre de 2025

La vida de una vida.

 



Hay personas que no esperan ser entendidas: simplemente deciden ser.





Soy Selena.
Es difícil ser única en el mundo.
Lo sé. Pero así soy yo: distinta, imperfecta, viva.

He aprendido a existir sin manuales.
A tropezar.
A seguir.
No me arrepiento de nada, salvo de haber callado algunas veces.

He luchado con dragones
y con mis propias decisiones.
A veces me salvaron las hadas buenas,
otras, solo mi terquedad.

Tengo manchas en la piel
y cicatrices que ya no intento borrar.
He sufrido las travesuras del duende de la ignorancia.
Probé mieles dulces
y caminé por desiertos de soledad.

Detuve el tiempo.
Desperté mis sentidos.
Cambié mi destino.
También me aburrí.

He estado cerca del todo
y perdida muy lejos de la nada.
Me hice experta en dormir,
quizá para no soñar demasiado.

Soy Selena.
Fui mi refugio y mi tormenta.
Nunca quise hacer deporte.
He elegido mi camino.
No puse límites a mi realidad.

Viví secretos de familia.
Me sentí sola.
Comí galletas.
Engordé.

Me he sentido aterrada ante el espejo.
He sido volante
y también rueda de repuesto.

Leí poemas hasta volverme prosa.
El amor me rozó.
El odio me hirió.
Fui inseguridad.
Y aun así, dejé que mi luz brillara.

He cantado, reído, llorado.
Me gusta la música clásica,
también el rock y el jazz.

He sentido la rabia de la envidia,
y he aprendido que no está bien ser cruel.

He sido frágil como una flor,
dura como una roca,
dúctil como el agua.
No siempre supe quererme,
pero al final aprendí a no mentirme.

Me hubiera gustado ser primogénita.
Un día descubrí
que dentro de cada princesa duerme un dragón,
y que dentro de cada príncipe azul
habita el miedo.

Fui víctima.
Soy verdugo.

En mi vida, la risa siempre gana.

Soy Selena.
Todo lo que fui, aún me habita.
Reina y esclava de mí misma.

Hoy soy vida.
Mañana… seré memoria.

 

                                                                          L. J. Pruneda




A veces, las palabras unen más de lo que imaginamos... 
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jueves, 9 de octubre de 2025

Narciso o el reflejo del alma


A veces, 
el mayor abismo no está frente a nosotros, 
sino dentro del agua que devuelve nuestra propia imagen.


 

El mito de Narciso pertenece a la mitología griega y fue recogido, entre otros, por Ovidio en su obra Las Metamorfosis

Narciso era hijo del dios-río Céfiso y de la ninfa Liríope, y su belleza era tan perfecta que despertaba admiración y deseo allá donde iba. Sin embargo, su corazón permanecía cerrado: despreciaba a quienes lo amaban, incapaz de sentir más allá de sí mismo.

Un día, mientras vagaba por el bosque, Narciso se inclinó sobre las aguas de un manantial cristalino para calmar su sed. Fue entonces cuando vio su propio reflejo. Fascinado por aquella imagen, ignoró que se trataba de sí mismo y quedó atrapado por una pasión imposible. Intentó besar el agua, abrazar el rostro que lo miraba, pero cada intento no hacía más que romper el reflejo y multiplicar su deseo.

Consumido por esa obsesión, Narciso se marchitó lentamente junto al manantial. Cuando los dioses se apiadaron de él, su cuerpo desapareció, y en su lugar nació una flor blanca que llevó su nombre: el narciso.

Ovidio no escribió esta historia solo para hablar de vanidad. En realidad, el mito nos recuerda la fragilidad de la conciencia humana. Narciso no muere por amor a sí mismo, sino por no reconocer que el otro y el yo son parte del mismo espejo. En su imagen vio la perfección que anhelaba, pero no supo distinguir entre ilusión y verdad.

El agua del mito nos devuelve hoy una enseñanza distinta: no hay mayor pérdida que la de quien no se atreve a mirarse con verdad.

Porque conocerse no es adorarse, sino reconocer la distancia entre lo que creemos ser y lo que realmente somos.

Ahí, en ese breve temblor del reflejo, es donde habita el alma.

 

                                                                    L.J.Pruneda


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jueves, 2 de octubre de 2025

Novela: Fundido a Negro de Jesús Cañadas






Hay novelas que no buscan respuestas, sino que dejan abiertas las heridas.

Leer Fundido a negro es adentrarse en un documental imposible, en el que lo que importa no es tanto la reconstrucción de una secta perdida, sino la incomodidad de caminar entre voces que se contradicen, recuerdos que desaparecen y verdades que se niegan a ser atrapadas.

Jesús Cañadas no ofrece un thriller convencional. Lo que hace es encender una luz tenue y dejarnos solos en una habitación llena de ecos, con la sensación de que cada página graba tanto como revela. La narración se fragmenta en entrevistas, memorias y silencios que obligan al lector a desconfiar de todo, incluso de sí mismo.

El verdadero miedo aquí no es lo que la secta hizo o dejó de hacer, sino cómo la fe, la manipulación y la memoria pueden moldear realidades hasta volverlas irreconocibles. La historia se convierte en un espejo oscuro donde cada personaje, y nosotros con ellos, se pregunta cuánto de lo vivido es recuerdo y cuánto invención.

Fundido a negro no termina cuando se cierra el libro: permanece como un zumbido en la cabeza, como una imagen que la mente quiere olvidar pero no consigue. Un relato que no ilumina, sino que nos recuerda que también en la penumbra hay preguntas que arden.



Sobre el autor

Jesús Cañadas (Cádiz, 1980) es una de las voces más singulares de la narrativa española actual. Ingeniero informático de formación, pronto decidió volcar su energía en la literatura, donde ha sabido moverse entre el terror, la novela negra y la aventura con una soltura que rompe etiquetas.

Debutó con El baile de los secretos (2011), una obra que lo situó como autor a seguir dentro del fantástico español. Más tarde llegarían títulos como Los nombres muertos (2013), Pronto será de noche (2015), Las tres muertes de Fermín Salvochea (2017) —considerada su consagración por la crítica y el público— y Dientes rojos (2021), un oscuro thriller ambientado en Berlín.

Su escritura se caracteriza por la mezcla de géneros, la construcción de atmósferas densas y la capacidad de sostener la tensión hasta el límite. Cañadas combina el pulso del thriller con una mirada crítica a la sociedad, siempre acompañado de un estilo vivo, dinámico y cargado de imágenes poderosas.

Con Fundido a negro (2025) confirma su madurez narrativa: un relato donde el true crime, la memoria colectiva y las sombras de la fe se entrelazan en una propuesta arriesgada que vuelve a situarlo entre los narradores más inquietos y originales del panorama literario en castellano.


L. J. Pruneda


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