Hay personas que no esperan ser
entendidas: simplemente deciden ser.
Soy Selena.
Es difícil ser única en el mundo.
Lo sé. Pero así soy yo: distinta, imperfecta, viva.
He aprendido a existir sin manuales.
A tropezar.
A seguir.
No me arrepiento de nada, salvo de haber callado algunas veces.
He luchado con dragones
y con mis propias decisiones.
A veces me salvaron las hadas buenas,
otras, solo mi terquedad.
Tengo manchas en la piel
y cicatrices que ya no intento borrar.
He sufrido las travesuras del duende de la ignorancia.
Probé mieles dulces
y caminé por desiertos de soledad.
Detuve el tiempo.
Desperté mis sentidos.
Cambié mi destino.
También me aburrí.
He estado cerca del todo
y perdida muy lejos de la nada.
Me hice experta en dormir,
quizá para no soñar demasiado.
Soy Selena.
Fui mi refugio y mi tormenta.
Nunca quise hacer deporte.
He elegido mi camino.
No puse límites a mi realidad.
Viví secretos de familia.
Me sentí sola.
Comí galletas.
Engordé.
Me he sentido aterrada ante el espejo.
He sido volante
y también rueda de repuesto.
Leí poemas hasta volverme prosa.
El amor me rozó.
El odio me hirió.
Fui inseguridad.
Y aun así, dejé que mi luz brillara.
He cantado, reído, llorado.
Me gusta la música clásica,
también el rock y el jazz.
He sentido la rabia de la envidia,
y he aprendido que no está bien ser cruel.
He sido frágil como una flor,
dura como una roca,
dúctil como el agua.
No siempre supe quererme,
pero al final aprendí a no mentirme.
Me hubiera gustado ser primogénita.
Un día descubrí
que dentro de cada princesa duerme un dragón,
y que dentro de cada príncipe azul
habita el miedo.
Fui víctima.
Soy verdugo.
En mi vida, la risa siempre gana.
Soy Selena.
Todo lo que fui, aún me habita.
Reina y esclava de mí misma.
Hoy soy vida.
Mañana… seré memoria.
L. J. Pruneda
A veces, las palabras unen más de lo que imaginamos...
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