Cada
semana tomo el mismo tren, a la misma hora y
reservo dos asientos. El de mi lado permanece intacto.
No dejo que nadie lo toque.
Miro por la ventana y te hablo en voz baja, para que no te pierdas nada, para no perderme yo.
El trayecto no cambia. Tampoco esa parada.
Aquel día te levantaste antes de tiempo. Dijiste que volvías enseguida.
Me quedé mirando la puerta, repitiendo tu nombre en silencio.
La puerta se cerró.
El tren arrancó.
Y no regresaste.
Desde entonces, no dejo que nada cambie. Porque si alguien se sienta ahí, ya no sabrás dónde encontrarme.
No dejo que nadie lo toque.
Miro por la ventana y te hablo en voz baja, para que no te pierdas nada, para no perderme yo.
El trayecto no cambia. Tampoco esa parada.
Aquel día te levantaste antes de tiempo. Dijiste que volvías enseguida.
Me quedé mirando la puerta, repitiendo tu nombre en silencio.
La puerta se cerró.
El tren arrancó.
Y no regresaste.
Desde entonces, no dejo que nada cambie. Porque si alguien se sienta ahí, ya no sabrás dónde encontrarme.
LJ. Pruneda
