domingo, 18 de enero de 2026

Anabel Gonzalez, autora y psiquiatra



Anabel González escribe para quienes cargan con exigencias invisibles, para quienes aprendieron pronto a resistir, para quienes un día descubrieron que ser fuerte también cansa. Sus textos avanzan despacio, con cuidado, conscientes de que algunas heridas no necesitan empujones, sino tiempo y palabras amables.

No todas las autoras llegan a los libros desde el deseo de contar historias. Algunas llegan porque han pasado años escuchando. Escuchando silencios largos, palabras que tiemblan, recuerdos que duelen más cuando no se dicen. Anabel González pertenece a ese lugar.

Psiquiatra de profesión, divulgadora por vocación y escritora por necesidad, ha dedicado buena parte de su vida a acompañar a personas rotas por dentro, aunque por fuera parecieran funcionar. Trauma, apego, memoria emocional, ansiedad, heridas antiguas… conceptos que en otros discursos suenan técnicos, pero que en sus manos se vuelven humanos, cercanos, reconocibles.

Sus libros no pretenden corregirte ni arreglarte. No te dicen quién deberías ser. Te recuerdan quién eres cuando bajas la guardia.

Hay algo profundamente honesto en su manera de comunicar: no promete felicidad, no vende bienestar en cápsulas, no niega el dolor. Al contrario. Lo nombra. Lo valida. Lo coloca en su sitio. Y en ese gesto —tan sencillo y tan poco habitual— sucede algo importante: el lector deja de sentirse defectuoso por sentirse mal.

En Lo bueno de tener un mal día —y en toda su obra— late una idea que atraviesa su pensamiento: no todo malestar es un error. A veces es una señal. A veces es el cuerpo pidiendo tregua. Escuchar eso no nos hace débiles; nos vuelve más humanos.

Leer a Anabel González es sentarse a descansar un momento.
Es permitir que alguien ponga palabras donde antes solo había ruido. Es entender que no siempre hay que estar bien para estar a salvo.

Y quizá, solo quizá, descubrir que tener un mal día también forma parte del camino.


LJ. Pruneda

Lo bueno de tener un mal día, de Anabel González


Hay días que no funcionan. Días torcidos, incómodos, de esos que nadie sube a redes... ¿Sabes de que hablo?

Lo bueno de tener un mal día empieza justo ahí, en ese territorio donde solemos pedir disculpas por sentir demasiado.

Anabel González no escribe esta novela para animarte ni para convencerte de nada. Escribe para sentarse contigo cuando el ánimo flaquea y hacerte una pregunta sencilla y difícil al mismo tiempo: ¿y si el malestar no fuera el problema?

Este libro te habla de emociones que incomodan, de heridas que no siempre se ven y de esa exigencia silenciosa de estar bien incluso cuando todo dentro pide pausa. Lo hace sin dramatismos ni fórmulas milagro, la autora pone palabras a lo que muchos sienten y pocos se permiten nombrar: que el dolor también tiene sentido, que escuchar lo que duele es una forma de cuidado, y que no todo se arregla empujando hacia delante.

A lo largo de sus páginas no se glorifica el sufrimiento, pero tampoco se le da la espalda. Se le mira con respeto. Se le deja hablar. Porque a veces un mal día no viene a fastidiarnos la vida, sino a recordarnos que somos humanos.

Cuando lo lees te das cuenta de que es un libro que no levanta la voz. No hace promesas. No corre.
Simplemente te acompaña, va a tu ritmo. Y eso, cuando tienes un día difícil, ya es mucho.

LJ. Pruneda